¿Un tratamiento de conducto o medio viaje a Colonia?
Planteemos un hipótesis. Una suposición...
Si en La Argentina, la Seguridad Social incluyera en el Programa Médico Obligatorio el 50% del costo de un viaje de ida a Colonia, podemos inferir que Buquebus no embarcaría a nadie que no pudiera costearse la otra mitad del viaje. Nunca se nos ocurriría pensar que dejaría a los pasajeros en la mitad del Río de la Plata. La Empresa entendería como suya la responsabilidad por la vida de esos pasajeros y, seguramente, aún así vería beneficioso este subsidio parcial.
Es una buena metáfora para describir otro caso interesante. Pero cierto.
La Seguridad Social Argentina, a través del P.M.O. , obliga a sus efectores a cubrir la práctica de la endodoncia. Pero no asume el costo de más del 90% de las rehabilitaciones necesarias y consecuentes a esos tratamientos, los que quedan a cargo del paciente.
Una paradoja más de esta situación es que cuando las auditorías de los financiadores de la Salud autorizan el pago de los honorarios por una endodoncia, lo hacen basados en la finalización del tratamiento de conducto. Lo paradójico es que cuando la pieza es extraída, por no haberse realizado la rehabilitación, en muchos casos le debitan el pago de esos honorarios al endodoncista!!! Incluso, cuando no hay dudas en la indicación de la extracción. Se lo hace responsable por haber iniciado un tratamiento que luego nadie estará en condiciones de financiar.
¿Es el responsable?
Un importante número de odontólogos, encargados (como Buquebús en el supuesto) de la salud de los pacientes e indirectamente del manejo de los recursos públicos y privados de la Seguridad Social, realizan endodoncias en pacientes que no pueden afrontar el gasto de la rehabilitación, sin involucrarse en el destino que esa pieza dentaría tendrá en el futuro plan de tratamiento de ese paciente y su salud dental. A lo sumo recomiendan la necesidad de un rehabilitación (perno muñón y corona, por ejemplo) y dejan en manos del paciente la decisión de la continuidad del tratamiento. Muchas veces son impulsados a esto por las propias organizaciones que los contratan, que ven con malos ojos cuando se supedita a la rehabilitación la realización de la endodoncia.
He aquí una complicidad conciente o inconsciente, entre los responsables de la planificación de los servicios de salud y sus efectores, en el incremento del costo general de la salud y en la disminución de la calidad de las prestaciones.
Nadie puede ignorar que una pieza dentaria desvitalizada es frágil y requiere prácticamente en el 100% de los casos una rehabilitación protética. Si no se realiza esa rehabilitación o se sustituye por una restauración plástica, tarde o temprano se convertirá en una extracción complicada. Por lo tanto, un nuevo gasto para las arcas de la Administración de Salud, pública, semipública o privada.
Por lo expuesto es necesario replantear la aplicación de los recursos para la rehabilitación de piezas dentarias desvitalizadas mediante tratamientos de conducto. No sería necesario ampliar la cobertura a la rehabilitación completa de las piezas, sino considerar como tratamiento a todo el proceso y no solo a la endodoncia (principal error) cubriendo el financiador una PARTE del costo de TODO el tratamiento y no TODO el costo de una PARTE, como es ahora.
Mientras esto no suceda, un odontólogo responsable no debería comenzar un tratamiento que no va a concluir, entendiendo por tratamiento la endodoncia más la rehabilitación. Fundamentalmente cuando ese tratamiento parcial o medio tratamiento conlleva una disminución en resultado final de todo el proceso. Incluso cuando tenga garantizado sus honorarios por ese segmento del trabajo.
Deberá éticamente, evaluar otros tratamientos adecuándose a la situación particular de cada paciente. Deberá encarar la solución de urgencias y emergencias, sin duda, y recomendar el mejor plan de tratamiento que a su criterio pueda efectuarse con las posibilidades de cada paciente. Al fin de cuentas, no todos tenemos recursos para encarar tratamientos ideales y es una función primordial del prestador de salud encontrar la mejor solución para cada caso, optimizando el uso de los recursos. Por cierto, escasos.
Finalmente, aunque pueda resultar redundante, espero que esta reflexión sea evaluada como un aporte a la mejor y más eficiente utilización de los recursos de la Seguridad Social y no como una mezquina manera de buscar subsidios directos o indirectos a la prótesis.
CARLOS H. NAPOLI
Odontología, UBA 1970
Administración de Servicios de Salud, UCCES 1996
Managed Care, Harvard 1998/2006
No hay comentarios:
Publicar un comentario