
Mediados de 1945. Un joven matrimonio de odontólogos, recién egresados de la Universidad de Córdoba, se instala en Adelia María, un pequeño pueblo cercano a Río Cuarto donde aún no contaban con dentista. Era suficiente dos años de práctica, poca experiencia y mucho entusiasmo. Las expectativas de esa población eran sobradamente colmadas por los noveles profesionales. Su poco, allí era mucho. La odontología de la década del cuarenta proveía en general la posibilidad de restaurar caries, extraer piezas en mal estado y reponerlas, fundamentalmente, con prótesis removibles. Recién aparecidos, los antibióticos eran panaceas mágicas para infecciones con pronósticos eventuales. La electricidad movía las poleas de un torno muy útil, pero muy poco agradable. La seguridad social no había arribado y la odontología era un beneficio sólo al alcance de quien pudiera pagar los honorarios.
Con dos años adicionales de experiencia y la noticia de la descendencia por venir, Buenos Aires, es el nuevo destino de la pareja. La joven profesional, con un evidente embarazo, es la imagen que el Instituto de Servicios Sociales para Ferroviarios elige para promocionar su nuevo policlínico. Las Obras Sociales irrumpen y la odontología avanza con ellas. La década del 50 ve desarrollar las especialidades de ortodoncia, periodoncia, endodoncia, con dos objetivos claros: la restauración y la conservación.
Cuando llegan los años sesenta, de trabajo fecundo, viven alternando la atención del consultorio privado, con el servicio hospitalario. La prevención va ganando camino y la crianza y educación de los hijos se intercala con el desarrollo de la profesión. La cirugía dento maxilar lidia con muelas de juicio rebeldes y la fonética con la ortopedia maxilar.
No podemos vincular la aparición de la turbina con la cultura Hippie de los 70. Pero que contribuyo a la paz y al amor de los pacientes con el dentista no caben dudas. La utilización habitual de la anestesia y la facilidad para el tallado permite la generalización de la prótesis fija y las coronas de porcelana. Los criterios estéticos ya estaban con nosotros.
Hace poco más de tres años, la experimentada Dra. Dina B. de Nápoli aún tomaba alguna que otra impresión en una de las Clínicas ODEM de Buenos Aires, casi como obligada por una costumbre inevitable: disfrutar la amistad de sus pacientes. A su alrededor, implantes de titanio, ultrasonido, láser, restauraciones de compuestos por fotocurado, ortodoncia estética y blanqueamientos, mostraban algunos pocos ejemplos del avance de la odontología moderna. Una odontología que hoy es guiada por un enfoque centralizado en la prevención y la atención primaria que garantiza a sus nietos y bisnietos un futuro saludable.
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